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Cálculos de orina en perros y gatos, ¿cómo afectan a la salud de nuestros animales?

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  • Cálculos de orina en perros y gatos, ¿cómo afectan a la salud de nuestros animales?

Seguramente conozcas a alguien que haya tenido “piedras” en el riñón, ¿te suena? Estas piedras son cálculos urinarios, y perros y gatos también pueden tenerlos. 

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Los cálculos se conocen también con el nombre de urolitos, y su presencia en las vías urinarias se llama urolitiasis. La formación de estos cálculos se asocia con la precipitación y formación de cristales de diferentes tipos de minerales. Cuando estos minerales forman estructuras microscópicas, se conocen como cristales, pero si crean formaciones macroscópicas es cuando pasan a ser urolitos. 

 

Normalmente, el lugar más frecuente de aparición de cálculos es en la vejiga, pero puede darse el caso de que alguno de ellos salga hacia la uretra, y quede “atrapado” en ella, bloqueando parcial o totalmente el flujo de orina, produciendo sintomatología y molestias para el animal, y sin duda, es motivo de visita de urgencia a la clínica veterinaria. 

 

¿Quieres saber un poco más sobre esta patología que afecta con frecuencia a nuestros compañeros de vida? ¡Te contamos a continuación! 

 

¿Cómo se forman los cálculos?

 

Como comentábamos, en un primer lugar aparecen cristales minerales microscópicos, que pueden precipitar y crecer hasta alcanzar en algunos casos varios centímetros. En la formación de los cálculos intervienen varios factores como la alimentación, infecciones del tracto urinario, la genética, ya que existe predisposición racial a padecer cálculos, la edad del animal, incluso el sexo. 

 

Además, existen una serie de condiciones que contribuyen a la formación de cálculos, como una alta concentración de sales en la orina, la retención de estas sales y cristales durante un determinado período en las vías urinarias, y un pH urinario que favorezca la cristalización de las sales. 

 

Tipos de cálculos urinarios

 

Existen diferentes tipos de cálculos, dependiendo de su composición mineral. Los más habituales son de estruvita (fosfato de amonio y magnesio), oxalato de calcio, urato, cistina y sílice.

 

Los cálculos de estruvita son los más frecuentes, y están relacionados con algunas razas como el schnauzer miniatura, caniche miniatura, bichón frisé, lhasa apso o cocker spaniel. La formación de estos cálculos está relacionada con la infección de las vías urinarias, de ahí que sean más frecuentes en hembras, las cuales tienen mayor tendencia a las infecciones de vías urinarias bajas. 

 

En cuanto al oxalato de calcio, afecta a razas como el schnauzer, caniche miniatura, bichón frisé, lhasa apso, yorkshire terrier y shih tzu. En los gatos también hay razas predispuestas como el birmano, persa o himalayo. En su formación, parece que influye el aumento en la concentración del calcio en la orina después de la alimentación. 

 

Los cálculos de urato se relacionan claramente con una raza, el dálmata. En el resto de perros, casi todo el urato es metabolizado a alantoína, que es muy soluble y se excreta por los riñones, pero en el dálmata sólo se convierte en alantoína el 30-40% del ácido úrico, por lo que hace que haya un aumento de la excreción de urato. Pueden aparecer a cualquier edad, pero en el dálmata es frecuente entre los 1 y 4 años, y afecta más frecuentemente a los machos. 

 

Los cálculos de cistina afectan con mayor frecuencia a la raza teckel, terranova y bulldog inglés, y con más frecuencia a machos. Este tipo aparece en animales que tienen una alteración en la reabsorción del aminoácido cistina, un componente de las proteínas. 

 

Otros urolitos menos frecuentes son los de xantina, asociados a tratamientos con alopurinol durante largos periodos de tiempo, sílice, asociado a dietas vegetarianas, y fosfato cálcico, asociado a un aumento de excreción de calcio, principalmente en hiperparatiroidismo primario. 

 

De todos estos, los de estruvita, oxalato y fosfato cálcico se aprecian bien en una radiografía, al ser radiodensos, mientras que los de cistina y urato pueden pasar desapercibidos, y se visualizan mejor con ecografía. 

 

Signos clínicos que nos hacen sospechar

 

Los cálculos pueden alojarse en la vejiga, uretra, uréteres o riñones, y pueden dañar el revestimiento de estas vías urinarias produciendo inflamación, y predisponiendo a las infecciones bacterianas. 

 

Cuando el animal tiene cálculos, podemos encontrar sangre en orina, el perro o gato orina muchas veces y en pequeñas cantidades, dificultad o incluso imposibilidad total para miccionar, pueden tener dolor y molestias abdominales, incluso pérdidas urinarias. En los gatos es frecuente que orinen en lugares extraños como el sofá, la ducha, la cama, etc, ya que asocian la bandeja de arena con dolor y van probando otros lugares. 

 

Cuando un cálculo produce obstrucción urinaria, impide el correcto flujo de orina hacia el exterior, y hay que tratar rápidamente porque las conseencias pueden ser importantes, como el daño renal grave. Estas obstrucciones son más frecuentes en machos que en hembras, ya que los machos tienen una uretra más estrecha y larga que las hembras, lo que hace que sea más fácil que algún cálculo quede atascado durante su recorrido. 

 

¿Cuál es el tratamiento? 

 

Si sospechamos de la presencia de cálculos, hay que tomar una muestra de orina y analizar el sedimento. Además, la radiografía y ecografía están indicadas con el fin de evidenciar la presencia de estas formaciones, y su localización anatómica. 

 

Según el tamaño y la ubicación de los cálculos habrá que realizar un procedimiento u otro. Cuando hay una obstrucción evidente, y el cálculo se localiza en la uretra, se realiza la técnica de flushing, que consiste en hacer un lavado a presión de la uretra para intentar que los cálculos pasen a vejiga y posteriormente realizar la cirugía para extraerlos. Además, se realiza el sondaje del animal para vaciar la vejiga.

 

En otros casos, se pueden plantear modificaciones en la dieta, para fomentar la disolución de pequeños cálculos, como en el caso de la estruvita, mediante la acidificación de la orina. 

 

Si los cálculos son muy grandes, no queda más remedio que intervenir quirúrgicamente para su extracción, ya sea mediante la apertura de la vejiga (cistotomía) o la uretra (uretrostomía). Además, hay que acompañar el tratamiento con antibióticos, antiinflamatorios, analgésicos, productos que mejoren la funcionalidad urinaria, dilatadores y relajantes de la musculatura lisa, etc. 

 

¿Alguno de vuestros animales ha tenido cálculos urinarios alguna vez? ¿Cuál es vuestra experiencia? ¡Contadnos! 


Fuente: VETFORMACIÓN

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