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5 Preguntas y respuestas sobre el hipertiroidismo felino

En el mes de mayo se conmemora el Día Mundial de la Tiroides en medicina humana, así que es un buen momento para aprender un poco más sobre las patologías relacionadas con esta glándula que afectan a nuestros animales.

En un post anterior del blog ya habíamos hablado sobre el hipotiroidismo en perros, pero en esta ocasión queremos que aprendáis lo básico sobre la afección más frecuente en gatos: el hipertiroidismo. ¿Estáis preparados? ¡Os animamos a leer sobre esta enfermedad!

¿Por qué se produce?

En primer lugar, recordemos que la glándula tiroides se encuentra ubicada en el cuello, y se divide en dos lóbulos que están a ambos lados de la tráquea. Cuando existe hiperactividad de la tiroides, uno o ambos lóbulos están aumentados de tamaño, y por tanto la secreción de hormonas tiroideas está elevada. Normalmente este cambio en la glándula deriva de procesos benignos, como la hiperplasia adenomatosa o el adenoma tiroideo, pero en algunos animales el origen puede estar relacionado con un tumor maligno, como el adenocarcinoma.

¿A quién afecta con mayor incidencia?

Esta patología se produce en gatos mayores, siendo rara la afección de animales con edad inferior a ocho años. Machos y hembras presentan la misma predisposición, y tampoco hay evidencia de que unas razas puedan estar más afectadas que otras.

Es importante que si nuestro compañero felino tiene mediana o avanzada edad, aunque a simple vista creamos que está sano, hagamos revisiones de su salud al menos de manera anual, con el fin de poder detectar enfermedades como el hipertiroidismo de manera temprana.

¿Qué signos deberían hacernos sospechar?

Los signos clínicos asociados pueden variar, así como comenzar de una manera más suave e ir empeorando con el transcurso de la enfermedad, además de que al ser una patología que se produce, normalmente, en animales mayores pueden coexistir signos que puedan estar relacionados con otros procesos.

Así, lo más habitual es la pérdida de peso, acompañada de un apetito normal o aumentado, una mayor ingesta de agua y de la micción, mal aspecto del pelo y falta de acicalamiento, diarrea y/o vómitos, taquicardia, inquietud y aumento de actividad, aumento de las vocalizaciones y la irritabilidad, incluso intolerancia al calor.

No debemos dejar pasar estas señales de alarma, y a la mínima sospecha pedir cita lo antes posible con nuestro veterinario de confianza.

¿Cómo se diagnostica?

Una vez que nuestro veterinario diagnostica el hipertiroidismo, mediante el estudio de los signos clínicos, la exploración física (en ocasiones es palpable el aumento de tamaño de los lóbulos de la glándula tiroides), la analítica sanguínea y las pruebas de funcionalidad tiroidea, que miden los niveles séricos de tiroxina total (T4), de triyodotironina (T3), y de la hormona estimulante de la tiroides o tirotropina (TSH), es importante establecer el tratamiento adecuado.

Además, existe otra prueba más avanzada para el diagnóstico, que es la gammagrafía tiroidea, la cual utiliza un radiofármaco que se concentra en el tejido tiroideo. Es una prueba de diagnóstico por imagen que, gracias a la inyección intravenosa de este radiofármaco, permite identificar y observar de manera total el tejido tiroideo que está sometido a la hiperfunción, lo que confirma sin ninguna duda la patología, y ayuda a elegir la mejor opción de tratamiento.

¿Qué opciones de tratamiento existen?

Por un lado está el tratamiento médico, mediante metimazol, que reduce la producción y liberación de hormona tiroidea, pero no es un tratamiento curativo, si no que ayuda a disminuir los signos clínicos asociados. También se puede realizar un manejo a nivel alimenticio, con dietas bajas en yodo, pero igualmente no es un tratamiento curativo.

Las únicas opciones que realmente tienen altas probabilidades de curar la enfermedad son la cirugía tiroidea (en el caso de que sea posible extirpar todo el tejido afectado), y el tratamiento con yodo radiactivo (I131), el cual solo se administra en centros especializados.

Esperamos que hayáis aprendido más sobre esta patología endocrina que afecta a nuestros compañeros felinos, y que os sea de ayuda en vuestro día a día en la clínica veterinaria. ¿Ya habéis conocido a algún paciente con esta enfermedad?