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Dilatación-torsión gástrica, una de las urgencias veterinarias más graves

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Lo que ocurre es que el estómago se dilata por acúmulo de gases o líquidos, y puede torsionarse. En condiciones normales, no debería haber ningún problema en expulsar el gas, por lo que se asocia a algún fallo en el mecanismo fisiológico del vómito, eructo o vaciado gástrico.

Su aparición es repentina, y el cuadro no es igual en todos los perros. El estómago está fijado mediante ligamentos al diafragma, hígado y bazo, y según la distensión de esos ligamentos, se producirá solo una dilatación, o bien el cuadro de dilatación y torsión.

Es más frecuente en perros de raza grande y gigante y tórax profundo, como el San Bernardo, Mastín, Gran Danés o Pastor Alemán, aunque también se conocen casos aislados en razas pequeñas. La edad media de presentación es de en torno a los 7 años, perros adultos y mayores son los más afectados, pero los animales jóvenes no están exentos de poder padecerla.

¿Cómo se torsiona el estómago?

No está claro si primero ocurre la dilatación y luego la torsión, o al revés, pero para que os hagáis una idea, el estómago se hincha como si fuera un globo y gira sobre sí mismo. Esta rotación se produce en el sentido de las agujas del reloj y puede ser de hasta 360º, aunque lo normal es de en torno a 270º.

Debido a ello, se producen muchos fenómenos de forma simultánea que comprometen la vida del perro: el bazo cambia de posición, se altera el flujo sanguíneo, aparecen úlceras gástricas, necrosis de hígado, páncreas e intestino, insuficiencia respiratoria, afecciones cardiacas, shock hipovolémico, coagulación intravascular diseminada, endotoxemia, fallo multiorgánico, y muerte.

Por ello es tan importante darse cuenta de que el animal puede estar sufriendo esta patología cuanto antes, si progresa, el desenlace no suele ser bueno.

¿Cuál es la causa?

Aún no se conoce exactamente su causa, pero sí se sabe que hay una serie de factores predisponentes. Lo más común es que se produzca por aerofagia, es decir, perros que tragan aire, como perros nerviosos, o que presentan disnea. Otros factores intrínsecos asociados son el exceso de bicarbonato a nivel del estómago, que junto con el ácido clorhídrico produce gas, la fermentación de los carbohidratos de la dieta, asociado a un aumento de la población de Clostridium en el digestivo, y la laxitud de los ligamentos gástricos.

Otros factores predisponentes son las grandes y rápidas ingestas de alimento y/o agua, realizar una sola comida al día, periodos de ayuno previos prolongados, digestiones lentas, realización de ejercicio antes o después de la comida, y el estrés (por la ingesta de aire que antes mencionábamos).

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¿Cuáles son los síntomas?

Para darnos cuenta de que el animal está sufriendo una dilatación-torsión gástrica debemos estar atentos a estos síntomas, los cuáles normalmente aparecen combinados: abdomen hinchado, dolor cólico, inquietud y nerviosismo, arcadas improductivas (quiere vomitar pero no puede), salivación excesiva y disnea marcada.

¿Cuál es su tratamiento?

Siempre es necesaria la hospitalización para en primer lugar estabilizar al animal. Será necesario tratar el dolor, administrar fluidos, antibióticos, oxigenoterapia, etc dependiendo del estado general.

También, es necesario realizar una descompresión gástrica a la vez que se estabiliza, o incluso antes, mediante punción del estómago con un catéter de gran calibre o sondaje, según si hay torsión o solo dilatación.

El último paso es el tratamiento quirúrgico, que se realiza una vez el animal está totalmente estabilizado y tras la descompresión gástrica. La cirugía se llama gastropexia, y consiste en volver a colocar el estómago en su posición original y fijarlo a la pared del abdomen para evitar que pueda volver a torsionarse.

¿Qué podemos hacer para disminuir el riesgo de que se desarrolle?

Es fundamental que evitemos administrar la ración diaria de comida en una sola toma, lo mejor es que al menos se reparta en dos tomas, incluso tres si fuera posible.

Siempre hay que favorecer que el perro coma lo más lento posible, por lo que podemos utilizar comederos específicos para ralentizar la velocidad de ingesta, y en caso de que tengamos varios animales en casa, separarles durante la comida para que así no exista competencia y coman más tranquilos y de forma pausada. Igualmente, se debe evitar que el animal beba grandes cantidades de agua de forma muy seguida. Si nuestro perro es deportista, hay que restringir el ejercicio antes y después de las comidas.

En perros como el Gran Danés, que tiene un elevado riesgo de padecer esta patología, se recomienda la gastropexia profiláctica, la cual evita la rotación del estómago, aunque no la dilatación.

Conocer este síndrome es muy importante, sobre todo si tu compañero de vida es un perro de tamaño grande, así que ¡esperamos que esta información te haya resultado útil!